Ensayo: WEBINAR: Praxis de la Psicología Social Comunitaria
Praxis de la Psicología Social Comunitaria
América Latina se caracteriza por una compleja combinación de desigualdades estructurales, conflictos socioambientales y herencias coloniales que exigen respuestas urgentes desde las ciencias sociales. En este contexto, la psicología social comunitaria no se presenta solo como una disciplina académica, sino como un proyecto ético, político y transformador. Es una praxis que no se limita a reproducir modelos importados, sino que busca una reinvención crítica, enraizada en los contextos, saberes y luchas propias de nuestra región.
Crítica
a la Neutralidad Científica
Uno
de los puntos centrales de esta propuesta es la crítica a la supuesta
neutralidad de la psicología. Durante mucho tiempo, la disciplina ha adoptado
una postura distante, pretendidamente objetiva, que la coloca más en la
posición de observar que de actuar. Sin embargo, en un continente donde las
desigualdades son fruto de estructuras de poder históricas, mantenerse neutral
termina siendo una forma de complicidad.
Casos
como el de la megaminería en Cuenca evidencian que el rol de los psicólogos no
puede ser pasivo. Es necesario que se posicionen frente a problemáticas
sociales concretas, como la destrucción ambiental y la vulneración del derecho
al agua. No basta con estudiar los efectos psicosociales del conflicto; hay que
participar activamente en procesos consultivos, de incidencia y de defensa del
territorio.
Implicación
Psicosocial: Más allá de la Intervención
Este
compromiso político exige abandonar la ilusión de una psicología “aséptica”.
No se trata solo de describir el sufrimiento individual, sino de articularse
con luchas colectivas que buscan transformar las causas de ese sufrimiento. Por
eso, se plantea sustituir el concepto de "intervención", que muchas
veces implica una relación vertical y asistencialista, por el de
"implicación", que promueve un vínculo horizontal, ético y dialogado
entre psicólogo y comunidad.
Implicarse
significa asumir riesgos, compartir responsabilidades, convivir con la
incertidumbre y construir desde el territorio junto con sus protagonistas.
También implica reconocer la paradoja de ofrecer atención individual en
contextos donde los derechos básicos como el agua, la salud o la educación aún
no están garantizados. La psicología, entonces, debe acompañar no solo a las
personas, sino también a sus demandas de justicia social.
Dimensiones
Emocionales y Espirituales en la Concientización
Otra
crítica fundamental que se plantea es al reduccionismo racionalista. A menudo
se piensa que la concientización se logra únicamente a través del razonamiento,
dejando de lado que las comunidades latinoamericanas viven sus realidades de
forma integral, donde lo emocional, lo corporal y lo espiritual también tienen
un lugar clave.
Desconocer
estas dimensiones implica perpetuar un colonialismo del saber que excluye
formas ancestrales de conocimiento y sanación. La espiritualidad —entendida no
como religión, sino como una forma de conexión y trascendencia colectiva— juega
un papel importante en los procesos de resistencia, sanación y reconstrucción
del tejido social. Incorporar emociones, creencias y rituales no es un adorno
cultural: es parte central de una praxis verdaderamente transformadora.
Articulación
Interdisciplinaria y Relevancia Política
Para
que la psicología social comunitaria tenga un impacto real, debe dialogar con
otras disciplinas y articularse con los procesos políticos. El conocimiento
psicológico no puede desligarse del análisis de las estructuras de poder, los
conflictos ambientales o las dinámicas económicas. Por eso, se propone una
psicología que converse con conceptos como democracia, participación,
biopolítica, legitimidad y memoria histórica.
Experiencias
como la Cátedra Libre Martín-Baró en Colombia muestran cómo es posible vincular
el trabajo académico con procesos de reparación, memoria y construcción de
políticas públicas. De este modo, la producción de conocimiento no se queda en
el plano teórico, sino que se convierte en una herramienta concreta de
transformación.
Descolonizar
la Psicología
Una
constante en el análisis es la necesidad de dejar atrás la visión eurocéntrica
y positivista que todavía predomina en la formación psicológica. A pesar de la
riqueza intelectual de América Latina, muchas veces seguimos dependiendo de
teorías foráneas que no responden a nuestras realidades. Esto ha generado una
jerarquía de saberes que invisibiliza a autores locales y relega los
conocimientos populares y comunitarios.
Frente
a esto, se propone una justicia cognitiva que reconozca y valore los saberes
locales tanto como los globales. Reivindicar a figuras como Ignacio
Martín-Baró, Mauricio Gaborit o Ignacio Dobles no es solo un acto de memoria,
sino un paso hacia una identidad epistemológica propia, basada en la autonomía
relacional, afectiva y espiritual de nuestras prácticas.
Investigación
y Política
La
investigación universitaria también necesita repensarse. En lugar de responder
a intereses comerciales o cumplir con métricas académicas, debería enfocarse en
problemáticas reales y producir conocimiento con sentido transformador. La
universidad tiene que convertirse en un espacio de construcción colectiva,
vinculado a procesos sociales, movimientos comunitarios y demandas populares.
Esto
requiere una postura militante del investigador: dejar de ser un observador
distante y convertirse en un actor activo en la formulación y ejecución de
políticas públicas desde y con las comunidades.
Psicología
Militante y Optimismo Crítico
Frente
a una psicología que solo describe, se propone una psicología militante, que se
involucre y trabaje por transformar la realidad. Esta propuesta se basa en un
optimismo crítico, que reconoce los desafíos, pero también celebra que ya
existen redes, colectivos e iniciativas que demuestran que otra psicología no
solo es necesaria, sino posible.
La
idea de crear una enciclopedia crítica de la psicología latinoamericana expresa
ese horizonte emancipador: recuperar saberes silenciados, valorar experiencias
en los territorios y formar profesionales comprometidos con la dignidad y el
cuidado integral de los pueblos.
Conclusión
La
psicología social comunitaria en América Latina no puede seguir funcionando
desde la comodidad de modelos importados ni escudarse en una supuesta
neutralidad científica. En una región marcada por desigualdades, conflictos
territoriales y memorias de lucha, esta psicología necesita asumir un rol
activo, crítico y comprometido con las realidades y las resistencias de los
pueblos.
No
se trata solo de intervenir desde fuera, sino de implicarse de verdad: de dejar
de observar desde la distancia y empezar a construir desde adentro, junto a las
comunidades, reconociendo sus saberes ancestrales, sus emociones y sus formas
de entender lo espiritual que dan sentido a la vida colectiva. Para lograrlo,
es necesario repensar cómo se enseña, cómo se investiga y cómo se ejerce la
profesión, apostando por una formación ética, política y profundamente humana
que acompañe procesos de dignidad y justicia.
En
lugar de seguir reproduciendo un conocimiento que excluye y fragmenta, la
psicología debe descolonizarse, abrirse al diálogo con otras disciplinas y
convertirse en una herramienta al servicio del cambio social. Apostar por una
psicología militante no es un sueño ingenuo, sino una urgencia real. Es creer
que nuestras prácticas pueden ser coherentes, sensibles y esperanzadoras. Al
final, se trata de elegir cada día contribuir, desde lo cotidiano, a la
construcción de un mundo más justo, donde la salud mental y el bienestar sean
un derecho para todas y todos, no un privilegio para unos pocos.
Referencias
Ortega Ormaza, F. (2024, abril). Praxis
de la psicología social comunitaria: Edgar Barrero [Webinar]. Psicología
Social. https://1drv.ms/v/s!AsH23bLQ6RebgakeRF29p2JVF6p3fQ
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